El aceite de oliva, ¿español o italiano?

Interesante artículo de opinión en el que Cristóbal de la Puerta analiza la inferioridad de condiciones en el mercado exterior del aceite de oliva español frente al italiano.

En el año 2000 tuve la oportunidad de pernoctar en una granja australiana, una dehesa de eucaliptos con ganado ovino. Pregunté a la granjera, por “deformación profesional”, si consumían aceite de oliva y me mostró eufórica una “botella de aceite italiano”, pero cual sería mi sorpresa cuando comprobé que se trataba de una botella del exportador malagueño Miró, debidamente identificada en idioma español. Comprobé, una vez más, que el aceite de oliva “solo era” de Italia en los países alejados del Mediterráneo, igual que ocurría que el vino tinto tenía que ser, por fuerza, de Francia.

El hombre de la calle en España siempre ha aseverado que el aceite español, por supuesto el virgen, era comprado por los italianos y allí envasado y exportado por ellos. La realidad es que el olivar de Italia, sobre todo el tradicional, es peor y menos extenso que el español y, por tanto, producen menos aceite de oliva, cuando su consumo per cápita es superior, al menos en épocas anteriores, y son exportadores al mismo tiempo que deficitarios. Los españoles tenemos mejores olivos, se produce más aceite, recientemente con mejoras de calidad y avances en el envasado. Nuestra producción es bastante superior al consumo interno, recordemos que se ha duplicado la producción con el olivar moderno e intensivo, por lo cual estamos obligados a exportar, aunque sea a granel a Italia.

Pero la picaresca italiana sigue existiendo. Por algo están más entrenados que nosotros en el envasado, la comercialización y la exportación. Igual que los franceses con el vino.

Hace unos días visité en Madrid la sección de “gourmet” de una conocida superficie comercial y casi todo lo expuesto eran botellas oscuras o negras, para que el aceite no se solee, de diseños modernísimos y, por supuesto, con un precio altísimo en su contenido en aceite, que se decía “made in Italy”, con algunas indicaciones de su origen y cualidades en letras minúsculas. En realidad, el aceite, al ser Italia deficitaria, podía ser de Túnez, Grecia y más probable de España, porque tenemos más cantidad.

Saber vender es más difícil que saber producir, pero en la “guerra comercial” entre países desarrollados se cometen abusos que rozan los límites de las normativas legisladas. Lo mismo que hemos sabido aumentar la productividad de nuestro olivar y mejorar la calidad del aceite de oliva, nuestros avances en comercialización se están internalizando y estamos entrando, casi obligados, en la citada “guerra comercial”. Pero no hay que bajar la guardia. Las almazaras cooperativas, poseedoras de la mayor parte del aceite de oliva virgen en su origen, deben seguir avanzando en su proceso de comercialización y exportación. Aunque otros se nos han anticipado.

Fuente: Editorial Agricola

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